Celia creía que todos ya estarían dormidos, así que subió las escaleras sigilosamente. De pronto, la luz del pasillo se encendió, lo que la sobresaltó. Al volver la cabeza, se encontró con Ben, recostado contra el marco de la puerta, viéndola con los brazos cruzados.
—¿Acabas de llegar?
—Ah, sí… ¿Todavía no duermes?
—Justo me iba a acostar cuando escuché ruido. Pensé que algún ladronzuelo se había metido —respondió él, con una media sonrisa.
La expresión de Celia se tornó algo incómoda.
—Hoy fui