Celia evitó su mirada ardiente.
—¡Ni en sueños! Suéltame.
César sonrió, sin decir nada más, y luego la soltó, arreglándose un poco la solapa.
—En lo de Luna Ruiz, no te metas más.
—¡Es mi amiga!
—¿Y qué puedes hacer? No tienes poder para cambiar este matrimonio —dijo César mirándola fijamente—. ¿O es que piensas hacer que huya antes de la boda?
Celia guardó silencio.
—Los Quiroga no la maltratarán antes de que se aseguren de que la boda se realizará sin problemas. Si logras que los Ruiz se echen