Celia retiró la mirada sin inmutarse y le respondió con calma:
—Voy a bajar.
Yolanda miró a César y, al ver que permanecía en silencio, no insistió. Mientras las puertas del ascensor se cerraban, Celia no levantó la cabeza, evitando la mirada de César. Permaneció frente al ascensor durante algunos segundos, hasta que la voz de Ana la sacó de sus pensamientos.
—¡Celia!
Celia volvió bruscamente en sí.
—¿Sí?
—Estrella... Ah, digo, Luna, ¿sabes por qué no ha vuelto? Lleva tres días sin responder men