La expresión de Celia se endureció. La familia Gómez era una de las más poderosas, y era natural que la esposa de Nicolás tuviera que estar a la altura. Celia lo comprendía muy bien. Pero, la actitud y el tono de esa mujer la irritaron. Justo cuando estaba a punto de replicar, una voz sonó desde la puerta.
—Señorita González, no creo que pueda representar las decisiones de Nicolás.
Sía González, secretaria de Adela, se sorprendió y se colocó a un lado un poco avergonzada.
—Jo… joven señorita —la