—¡Lo vi con mis propios ojos! —Luna se sostuvo la cabeza con una mano. Ya estaba insatisfecha con el matrimonio arreglado, y ahora sentía aún más ganas de retractarse—. Si él tiene algo con esa mujer, ¡será horrible! Incluso si nos casamos en el futuro y es solo un marido nominal, ¡me dará mucho asco!
Celia pareció sumida en sus pensamientos. Al ver su expresión, Luna le preguntó:
—¿Qué ocurre?
Celia volvió en sí.
—Ah, nada. Dijiste que tu pretendiente se llama Sergio. ¿Él se apellida Quiroga?
—