César permaneció de pie, inmóvil, pero abrazó a Celia más fuerza.
Tras un instante, bajó la mirada hacia quien estaba arrodillada ante él, emanando una presencia llena de frialdad y crueldad. Esa mirada con rencor parecía un cuchillo, como si quisiera perforar a Sira de manera aún más violenta. Ella nunca había visto a César así. Se quedó inmóvil.
—Lo que me ha causado más arrepentimiento en mi vida es haberte consentido demasiado en el pasado —dijo César mirándola—. Pero, ya no lo haré. La mano