La sonrisa de Adela se congeló. Dejó a su gato en el sofá.
—¿Regresas a casa solo para interrogarme por una extraña?
—¡Respóndame! —La voz de Nicolás se endureció.
La sirvienta salió apresuradamente de la cocina al oír el alboroto. De inmediato, percibió la tensión en la sala de estar: madre e hijo se enfrentaron durante un largo momento; ella intentó intervenir.
—Señor, no debe gritarle así a su madre...
—No te metas donde no te llaman.
Su actitud indiferente y desafiante hizo que Adela se sin