Dos hombres sujetaron a Celia. Sira sacó un cuchillo y se acercó con una sonrisa siniestra.
—Eres la estudiante más brillante del maestro Gómez, ¿no? Y, además, la cirujana principal, ¿cierto? Si destruyo tu mano derecha, ¿crees que podrás operar de nuevo?
Celia la fulminó con los ojos, sin emitir ni un solo sonido. Sira sintió un escalofrío en el interior. Tenía un presentimiento de que, si llevaba a cabo ese corte como lo planeada, todo se quedaría sin lugar a remediar. No obstante, odiaba tan