—Ya estás casada. Interesarte en mis asuntos no es apropiado —dijo él con cara impasible.
Celia se quedó sin palabras y se calló. Al anochecer, recibió un mensaje de César. Tenía un imprevisto y no podía ir a recogerla. Le pidió que le enviara un mensaje cuando llegara a Montaña Dorada. Celia respondió con un "hum" y no le dio mucha importancia.
De pronto, el auto de Nicolás se detuvo frente a ella. La ventana del conductor bajó y fue revelando la cara de un hombre desconocido.
—Señorita Sánchez