Nicolás percibió su preocupación e intervino.
—Él no te culpará.
—Lo sé. —Celia miró a Nicolás con una sonrisa leve—. Pero creo que puedo resolver mis asuntos con él por mí misma.
César alzó una ceja.
—Está bien. —Nicolás abandonó la oficina al ver su actitud.
Él mostró una sonrisa de ligereza. Tomó la mano de ella y le dio un suave apretón.
—¿Cómo piensas resolver nuestros asuntos?
Retiró la mano de su agarre, soltando una sonrisa tenue.
—¿Por qué no lo adivinas?
Él permaneció en silencio.
—Cés