La sirvienta le contó con nervios a Celia lo del ahogamiento de Óscar. Celia guardó silencio al escucharlo. Cuando lo relacionó con las numerosas heridas en las piernas del niño, comenzó a sospechar.
—¿Puedes ayudarme con algo?
La sirvienta asintió.
—Claro, señora.
—Cuando el niño esté dormido, toma algunas fotos para mí. Enfócate en sus muslos, que sean lo más claras posibles. Y, que nadie lo sepa.
Después de darle la orden, Celia agregó el contacto de la sirvienta y le transfirió dinero. Aunqu