Celia guardó silencio, dejando su mirada en él durante un rato. Luego le dijo, con tono sereno:
—¿Qué quieres comer? Voy a preparártelo.
César entrecerró los ojos, mirándola. Su mirada se posó en la delicada cara de Celia, sin revelar emoción alguna. Su docilidad parecía una sumisión deliberada, poco sincera.
Su expresión permaneció tranquila; pero, bajo esa calma, se ocultaba una presencia intensa. No la desenmascaró. Con un leve movimiento, la atrajo hacia sí y la levantó con facilidad en bra