Fabio estaba furioso. Juró que no iba a dejar tranquilo a quien había inventado esos chismes. Pero al ver que la cita sería en Villa Serenidad, quedó pensativo.
Rosa le quitó el celular para revisar también el mensaje.
—¿Villa Serenidad? Es la casa de… —Al instante se sorprendió Rosa.
De golpe, la expresión de Fabio se ensombreció.
—¡Voy a ver quién se atrevió a armar este lío!
Rosa, que conocía bien el temperamento de su esposo, temía que le pasara algo malo, así que se apresuró a seguirlo.
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