En los días siguientes, aunque Andrés no la contactó, Sonia recibía pasteles de diferentes pastelerías todos los días, y no solo uno. Al principio quiso rechazarlos, pero los repartidores no le daban esa opción, insistiendo en que su única tarea era entregarle los pasteles; qué hacía con ellos era su decisión.
Sin alternativa, Sonia terminó aceptándolos. Después de varios días recibiendo pasteles, finalmente llamó a Andrés.
—Deja de enviarme cosas.
—¿Por qué? ¿No te gustan? —el humor de Andrés p