—Señorita, por favor mantenga la calma. Busquemos un lugar donde podamos...
Mientras el personal intentaba contener a Camila, la puerta frente a ellos se abrió de repente. Tal como sospechaban, Sonia estaba dentro. A pesar de su cabello algo despeinado y el inusual rubor en sus mejillas, su mirada permanecía gélida.
—¡Lo sabía! ¡Así que estabas aquí! ¿Dónde está tu amante? ¿Santiago está adentro? Déjame pasar...
Sin prestarle atención a Camila, Sonia se dirigió directamente hacia Ana con pasos d