Sonia seguía tan sorprendida que cuando Andrés la besó repentinamente, no alcanzó a reaccionar.
Sus labios entreabiertos le dieron la oportunidad perfecta.
En su boca aún quedaba el aroma del pastel.
El intenso sabor a mango invadió la boca de Sonia instantáneamente. Quizás porque ese sabor era demasiado dulce, Sonia no lo apartó, solo se quedó sentada, inmóvil, dejándose besar.
Un momento después, Andrés se retiró y la miró: —¿Por qué no te mueves?
Estaba muy cerca, sus profundos ojos reflejaba