—Así que, de cualquier forma, intentarás ayudarlo, aunque sea clavándome un puñal en el corazón.
—Sonia, realmente eres... despiadada.
Al terminar de hablar, Andrés caminó directamente pasando junto a ella.
Las blancas olas seguían rompiendo en la orilla, y en la inmensa playa solo quedó Sonia, completamente sola.
...
Esa noche, Sonia y Andrés durmieron dándose la espalda.
A estas alturas, Sonia ya se había acostumbrado a tener a alguien más en la cama.
Pero antes, cuando compartían la almohada,