Capítulo 308
Cuando Andrés terminó de hablar, el interior del coche quedó completamente en silencio.

Sonia agarraba firmemente el documento, y por la presión, los nudillos de sus manos estaban completamente pálidos.

Andrés estaba sentado a su lado mirándola, como si deliberadamente esperara ver su reacción.

Si ella armara un escándalo o incluso le mordiera, probablemente se sentiría más feliz.

No era broma, Sonia pensaba que Andrés definitivamente pensaba así.

—Él ya estaba loco, y solo deseaba que los demás
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