Las palabras de Sonia dejaron a Andrés visiblemente atónito.
—Matar el alma y destruir el espíritu.
Si realmente le importaba tanto como aparentaba, Sonia pensó que esa simple frase bastaría para mantenerlo despierto toda la noche. Y ese pensamiento la hacía inmensamente feliz, aunque sabía que las palabras hirientes en el amor eran como una espada de doble filo: al atravesar el pecho del otro, ¿no sangraba también la propia mano? Pero en este momento, solo quería que él sufriera más que ella.
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