—¿Señorita Fuentes? —Mario la llamó al ver que permanecía en silencio.
Sonia volvió en sí, mostrando una sonrisa profesional. —Por supuesto, gracias señor Campos por la conexión.
—Somos socios, es lo natural —respondió Andrés, poniéndose de pie y extendiendo su mano.
Había otras personas en la sala de reuniones y para ellos, Andrés seguía siendo el respetado señor Campos. Sonia no tuvo más remedio que estrechar su mano, pero al hacerlo, clavó deliberadamente sus uñas en su palma. Aunque sus uñas