En ese momento, solo un pensamiento cruzaba la mente de Sonia.
Ninguna persona normal aceptaría tales condiciones.
Mucho menos Andrés.
¡Alguien que había crecido mimado, en la cima de la pirámide social!
Estaba tan impactada que por un momento no supo qué decir.
Después de un rato, finalmente encontró su voz: —Andrés, ¿sabes lo que estás diciendo?
—Lo sé.
—Estás ebrio.
La señorita Fuentes pareció reaccionar y lo empujó.
—No estoy ebrio —respondió Andrés.
Sonia torció los labios. —El olor a alcoh