Las heridas de Sonia no eran graves.
Después de los exámenes, le dieron el alta al día siguiente.
Sin embargo, su herida aún no había sanado y tenía una gasa en la sien. El doctor le advirtió que podría quedar una cicatriz.
A Sonia no le importaba.
Cuando entró al restaurante, los comensales no pudieron evitar mirarla con curiosidad.
Sonia se sentó tranquilamente.
A través de la ventana de cristal se veía la bulliciosa calle de Puerto Viejo.
Las luces rojas de los autos, las luces encendidas de