Sonia acababa de terminar su sopa cuando vio a Mario.
Él estaba parado en la entrada, con una expresión de duda en el rostro, como si estuviera debatiéndose si debería estar ahí o no.
Sonia lo miró brevemente y le dijo sin rodeos:
—Pasa.
—Señorita Fuentes, le juro que no sabía nada —soltó Mario apenas entró—. Anoche el señor Portero me obligó a acompañarlo, me dijo que usted quería hablar con el señor Campos. ¡No tenía idea de que utilizaría métodos tan sucios!
Su voz estaba cargada de angustia.