Sonia realmente no había bebido mucho esa noche. En la recepción no lo había notado, pero al terminar todo, no podía controlar la picazón en su garganta.
Tosió durante todo el camino hasta la salida del hotel, y cuando el viento frío le dio en la cara, la irritación empeoró. Su chofer había desaparecido y no contestaba ninguna de sus llamadas.
Justo cuando iba a llamar a su asistente, escuchó una voz detrás de ella:—¡Señorita Fuentes!
Esa voz cristalina le dio mala espina, y al girarse, efectiva