Sonia sonrió al hombre:—¿Cómo podría ser? No me atrevía a molestarlo, señor Romero. Con tantas personas queriendo cenar con usted, temía no alcanzar turno.
Su sonrisa era encantadora, y aunque el hombre pudiera estar molesto, se calmó de inmediato. Intentó rodearle la cintura con el brazo:—Pues ahora tengo tiempo. ¿Cuándo piensa la señorita Fuentes cenar conmigo?
Sonia tomó rápidamente una copa de vino y se la puso en la mano:—Por mí, en cualquier momento. ¿Qué le parece si mañana contacto a su