La mano de Sonia, que colgaba a su costado, finalmente se cerró con fuerza. Por primera vez, miró directamente a Ana.
Ana le sonreía. Sus grandes y redondos ojos aparentaban una total inocencia.
Después de sostenerle la mirada un momento, Sonia también sonrió.
—Bastarda —pronunció.
Las palabras tocaban su punto más sensible.
Al instante, el rostro de Ana se descompuso. Sin pensarlo, extendió la mano y empujó a Sonia al suelo.
Fue una reacción instintiva. La ira consumió rápidamente su razón, y s