Las palabras del sirviente, sumadas a la apariencia apenada y contenida de Ana, hicieron que Regina tomara una decisión inmediata.
Se giró hacia Sonia. —¡Sonia!
Si Andrés no estuviera allí, probablemente ya le habría dado una bofetada.
—¡Ana es tu hermana, una Ana reconocida por los Fuentes! ¿Quién te crees que eres? ¿Qué estás haciendo con los Fuentes?
Sonia no respondió.
Miró un momento a Ana, con su rostro cubierto de lágrimas, y luego lentamente volteó hacia Andrés.
Él la observaba con una m