—¡Carajo! ¡En verdad es ella!
—Ana, ¿cuándo volvieron Sonia y el señor Campos?
—¿Pero qué le vio Andrés a ella?
El parloteo incesante estalló como una bomba en la mente de Ana. No pudo responder nada, solo se quedó mirando fijamente a la pareja. Todo su cuerpo temblaba de rabia y agitación.
En ese momento, Andrés notó que algo andaba mal. Al ver a la gente reunida, frunció el ceño y sin pensarlo dos veces, atrajo a Sonia contra su pecho.
—¡Señor Campos, qué coincidencia! —alguien lo saludó