Después de renunciar al trabajo, ya no tuve que dedicar cada día horas extra a conocimientos de informática que no me gustaban.
Había estudiado diseño de joyas en la universidad y, por fin, retomé los planos y los pinceles para volver al sector del diseño que amaba.
Por la tarde, estaba dibujando en el invernadero de casa cuando Esteban Montes llegó de improviso.
Traía una tiara de perlas y diamantes; la reconocí al instante como una diadema antigua del siglo XX, porque la había visto en los l