Capítulo 9
Ya sin ese trabajo, dejé de perder horas estudiando informática, que ni me gustaba.

Volví a lo mío: diseño de joyas. Abrí mis bocetos y mis plumillas.

Por la tarde, en el invernadero de casa, estaba dibujando cuando Adrián apareció.

Traía una tiara de perlas y diamantes. La reconocí al instante: una pieza antigua, de principios del siglo pasado, que había visto en un libro.

Me enamoró el motivo de lazo de enamorados, y las perlas, de lustre perfecto, graduadas con una transición suave, engarzada
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