—Sarita, Adrián te quiere bien. Ha venido varias veces a pedir tu mano y pasó todas nuestras pruebas —dijo mamá.
Asentí. Todo el camino, su cuidado estuvo a la vista.
Pero pensar que hoy Hugo y Valeria se comprometían, recibiendo aplausos y bendiciones, mientras a mí me colgaban el robo de un collar… me apretó el pecho.
Al final, les conté todo a mis papás.
En la universidad, Hugo era el inalcanzable del campus. Yo le sacaba copias de apuntes, le prendía veladoras y lo perseguí dos años hasta qu