Capítulo 43
Al día siguiente, temprano por la mañana, la casa estaba en movimiento. Tía Augusta llegó con una sonrisa amplia, cargando una bolsa llena de telas, muestras de encajes y un cuaderno repleto de anotaciones. Después de todo, Alejandro ya había dicho sus intenciones por teléfono y se había adelantado pasando por la ciudad con Hugo.
— ¡Si es para casarse, será con clase! —dijo, entrando animada—. Nada de vestido alquilado. Vamos a hacer uno a medida, como manda el protocolo.
María rio,