Capítulo 34
María miró al vacío por un momento antes de comenzar. Su voz salió baja:
— Nadie lo sabía. Ni siquiera la Tía Augusta. Él hacía todo a escondidas. Sabía exactamente cómo humillarme, lastimarme, sin que nadie se diera cuenta. Yo sonreía a los demás, pero por dentro... estaba hecha pedazos.
Respiró hondo y continuó:
— Sus hijos lo veían. Se quedaban callados, con miedo. Ya lo vieron empujarme, insultarme, gritarme como si no valiera nada. Y nadie hacía nada. Como si eso fuera normal. Y, al final, yo también empecé a creer que lo era.
El Dr. Iván la escuchaba con atención, sin interrumpir.
— Ya me dejó encerrada fuera de casa por la noche. Ya amenazó con internarme diciendo que estaba loca.
El abogado cerró la libreta con cuidado y la miró a los ojos.
— María, con base en lo que usted relató, es posible sí abrir un proceso por violencia doméstica. La Ley María da Penha garantiza protección y castigo. Si hay testigos, como los hijos, y, principalmente, si usted está dispuesta