Capítulo 17
Geraldo llegó a casa a pie con sus hijos, ya bien entrada la noche, después del funeral. Estaba exhausto, cada músculo le dolía, y la cabeza parecía a punto de estallar. Solo quería un baño caliente y un poco de silencio.
— Voy a darme una ducha rápida — avisó el hijo mayor, quitándose los zapatos en la puerta.
— Ve pronto, que yo también quiero — respondió Geraldo, en un tono seco.
La hija se dirigió a su habitación, pero se detuvo en el pasillo al oír la voz dura de su padre resonar por la casa:
— Busca en el celular cómo se hace arroz y frijoles. Y mientras cocinas, lava estos platos y limpia el suelo.
— ¿Qué? ¡Ah, no, papá! ¡Hablas en serio! — respondió ella, indignada, volviendo sobre sus pasos.
Geraldo cruzó los brazos, mirándola como un juez frente a un reo.
— ¿Y tú crees que estoy bromeando? Haz lo que te he mandado o te llevarás una paliza — amenazó, la voz llena de rabia contenida.
La niña abrió mucho los ojos, tomada por el valor y la indignación que guardaba en