Capítulo catorce: Por el acantilado.
Aunque habían arrestado al responsable de aquella broma pesada y hubiera tenido que pagar por daño a propiedad seguía sintiéndome fatal, otro mes transcurrió y mi reputación aún estaba por los suelos y ya ni siquiera me animaba a salir a la calle sin importar cuántas veces mi psicólogo me dijera que pusiera de mi parte, siempre supe que la opinión de los demás hacia mi era irrelevante porque las críticas siempre existirán, pero que miles de personas tomarán minutos de su tiempo para destilar s