Capítulo quince: El don de la estupidez.
— Ya deja de llorar Jules, lo vamos a resolver ¿Si? Todo tiene una solución y las cosas material...
— Si dices que las cosas materiales se recuperan te voy a tumbar los dientes — Murmuré está vez con enojo.
— En serio que el embarazo te está afectando cada vez más, tienes suerte de tener una amiga como yo con paciencia.
— ¡Acabo de arrojar diez mil dólares por el maldito acantilado! — Grité al borde del colapso.
— ¿Has considerado ir alguna vez a la iglesia? Jamás me volveré a quejar de mi vid