No podía dejar de pensar en ello.
Por más que intentaba apartarlo, volvía una y otra vez. Los heridos. La forma en que los trataban. La manera en que me miraban, no con odio, no con miedo, sino con algo mucho peor.
Indiferencia.
No encajaba.
Nada de esto encajaba.
Estaba sentada justo dentro de la tienda, los codos apoyados en las rodillas, mirando a ningún punto en particular. Afuera, el campamento ya había retomado su movimiento. El sonido de la preparación no se había detenido desde la mañan