Capítulo veintiocho

Nadie debió haberse movido primero.

Así era como debía haber sido.

Dos lados. Un espacio. Un equilibrio tan tenso que parecía que el mundo mismo lo sostenía en su lugar.

Pero el equilibrio no dura.

Cambia.

Se fractura.

Y a veces—

Elige.

No me di cuenta de que me había inclinado ligeramente hacia adelante hasta que mi caballo se ajustó bajo mí, inquieto de una forma que reflejaba la tensión que atravesaba el claro. Mi mirada permaneció fija al frente, atrapada entre dos figuras que se negaban a
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