84. Mi nueva realidad
Cássio
Despertar dolía. No era ese dolor agudo que te deja sin aire. Era peor. Constante. Repartido. Cada parte del cuerpo recordaba, sin piedad, que había recibido golpes y que aún no se había recuperado.
La pierna estaba demasiado pesada para moverse sin cuidado. Las costillas ardían cuando respiraba hondo. El rostro parecía hinchado, sensible al menor movimiento.
Estaba roto, pero nada de eso importaba.
Porque Branca estaba allí.
Enroscada en mí como si ese fuera el lugar más natural del mun