83. Mi fortuna
Jonathan Krieger
Observaba la ciudad a través de la pared de vidrio como quien analiza un tablero ya inclinado a su favor, esperando solo el próximo error del adversario para cerrar la partida.
Siempre me había gustado eso. Acorralar a personas que se creían intocables. Observar, con calma, el momento exacto en que se daban cuenta de que nunca habían estado al mando.
El juez era uno de esos.
Un hombre que se creía demasiado grande para caer. Demasiado inteligente para ser manipulado. Demasiado