23. El corazón es de él
Cássio Ravelli
Fui directo al despacho de André Bayron.
No hubo llamada. No hubo explicación. Solo un mensaje demasiado corto para el peso que cargaba:
«Necesito que vengas aquí. Lo más rápido posible.»
Conocía a Bayron lo suficiente para saber que, cuando no hablaba por teléfono, era porque las palabras no podían ser oídas por cualquiera y no necesitaban dejar rastros.
La recepcionista apenas levantó la cabeza cuando llegué.
«El doctor Bayron lo está esperando. Puede pasar.»
Él estaba enterrad