114. Reencuentro
Laís
Me demoré más de lo normal frente al espejo aquella mañana.
No era vanidad. Era pánico disfrazado.
El vestido negro que había usado la noche anterior colgaba de la percha como una prueba del crimen. Lo miré dos veces mientras elegía algo «seguro»: pantalón de vestir gris, blusa blanca de manga larga, blazer estructurado. Todo correcto. Todo profesional. Todo gritando «aquí no pasó nada».
Pero había pasado.
Había besado a André.
Y ahora él me había visto gimiendo su nombre mientras me corrí