Arrastre mis pies hasta la puerta y la abrí de mala gana, me encontré con Mel echada en el sillón, desorden en todas partes, ella misma hecha un desastre, me miró y de un salto se levantó a mi encuentro, cuando la tuve frente a mi todo el enojo desapareció, la abrace – ¡Lo siento! – dijimos al mismo tiempo – rompimos en llanto - ¡Perdóname exagere! Estaba pasando por mucho y me descargue contigo, sé que jamás harías algo para lastimarme… - le dije con voz entrecortada – No, yo lo siento, debí c