Capítulo 42. Otro funeral hipócrita
Emma apoyó su cabeza en una mano, conmocionada por la sorpresa.
¿Qué había intentado hacer el estúpido de su padre?
Era tan simple. Tomar el dinero, llevarlo a sus acreedores e ir a su casa.
Tan… simple.
Pero, seguramente, ensoberbecido por el dinero, creyéndose impune, al igual que Karl, tuvo exactamente el mismo destino.
Le tocaría nuevamente a la señora Fritz, vestir de negro y organizar el funeral de un ser despreciable, cobarde y vil.
Llamó a Susan.
-¿Susan?
-¡Emma! Es muy temprano, ¿pasó