Corrí hacia mi escritorio justo cuando sonaba la primera campana. Desde el pupitre detrás del mío, Bryn chasqueó la lengua.
—Suelta todo.
—Fue… interesante —dije, deslizándome en mi asiento.
El señor Graham carraspeó.
—Señoritas, caballeros. Un momento de su valioso tiempo.
Jadeé cuando la mano de Bryn se disparó hacia mí, sus uñas clavándose en mi antebrazo.
—¿Bryn, qué pasa?
Sus ojos estaban fijos al frente del aula. El murmullo de los estudiantes se desvaneció.
—Muy agradecido. —La voz ásper