—Me sorprende que hayas venido. Debes ser madrugador —caminaba de un lado a otro con inquietud, escudriñando el borde del bosque que nos rodeaba—. ¿Por qué querías que nos reuniéramos aquí?
Me preocupaba más entender por qué quería que él estuviera en el claro.
—No tanto madrugador como alguien que no duerme. Estoy tratando de entender toda esta locura en la que me he metido —dijo—. Además, quería mantener nuestra cita para tomar café.
Se agachó y abrió el cierre de su mochila, sacando un termo