—¡Despierta! —me gritó una voz mientras recibía una patada en la pierna herida. El dolor atravesó mi cuerpo y abrí los ojos de par en par. Estaba en un cuarto sin ventanas, bien iluminado y rodeado por algunos de mis compañeros de unidad. Me encontraba atado de manos pero no de pies, observé la herida en mi pierna y me afligí al ver que una enorme mancha de sangre bañaba mi pantalón militar de rojo oscuro. Reconocí a Gabriel a pesar de estar con toda la cara magullada, Daddy estaba un poco más