Sentía sus cálidos labios besando mi rostro… su perfume, el cosquilleo de su barba en mi piel y su voz profunda.
—Mi reina —susurró. Yo me moví en las sábanas de nuestra cama mientras mis dedos se cerraban en la almohada que estaba en mi cabeza.
—Kentin... —murmuré, más dormida que despierta.
—Aún tienes fe que volveré —preguntó. Yo asentí. Quería seguir durmiendo pero su voz era tan dulce—. ¿Me esperaras?
—Toda la vida —susurré. Kentin me dio un beso y desapareció.
Abrí los ojos. Fuser dormía