La voz

Se me cayó el teléfono de las manos, el cuál al golpear contra el piso hizo un fuerte alboroto, alertando a Gaeil que vino corriendo preocupado.

—¡Annie, qué pasa! —preguntó. Yo no podía hablar, estaba temblando, muda y presa del terror. No podía ser cierto... No podía... Era imposible, que esto esté pasando...

Gaeil tomó el teléfono y atendió.

—¿Quién habla? —preguntó. Cuando le respondieron del otro lado Gaeil también se paralizó, unas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos y muy pronto se c
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