Entré con algo de miedo a la reunión de las Damas Rosas. Había mujeres que, como yo, no tenían cabello, otras tenían el pelo muy corto y por último había mujeres que parecían nunca haber tenido cáncer.
La presidente del grupo se acercó a mí con una bandeja llena de listones de distintos colores.
—¿Qué sobreviviente eres? —preguntó.
—Disculpa, pero no te entiendo —le respondí.
—Quiero decir, qué tipo de cáncer tenías —reformuló su pregunta, afirmando que yo había dejado de padecer cáncer.
—Cánce